sábado, 27 de agosto de 2011

Eres único.

No eres responsable de tu aspecto, como tampoco lo es un coche.
No eres más que un producto. Un producto de un producto de un producto. Los diseñadores de coches son productos. Tus padres son productos. Tus padres eran productos. Tus maestros, productos. El sacerdote de tu iglesia, otro producto.

A veces el mejor modo de manejarse con toda esta mierda, es no aferrarse a que uno es algo muy valioso.

Lo que digo es que no puedes huir del mundo y no eres responsable de tu aspecto, de si eres bellísimo o más feo que la chingada.
No eres responsable de lo que sientes ni de lo que dices ni de cómo actúas ni de lo que haces. Nada de eso está en tus manos. Igual que un cedé no es responsable de lo que lleva grabado; así es como somos. Eres casi tan único como un billete de veinte.